· 

Quixote. En un lugar de la música

Crear un nuevo espectáculo es siempre una aventura. Un viaje incierto, casi épico, como el de Ulises en la Odisea: uno parte con un deseo claro —volver a casa— y en el camino se encuentra con pruebas, peligros y desvíos inesperados. Cada día parece una tirada en un juego imaginario, con pistas que te hacen avanzar, pequeños premios que animan a seguir y otras casillas que te devuelven, sin previo aviso, al punto de partida. Así ha sido nuestra experiencia en la creación de Quixote, en un lugar de la música.

Este espectáculo nace del deseo de contar, sobre un escenario, algunas de las aventuras del ingenioso hidalgo a través de una mirada profundamente musical y escénica. Una obra en la que se combinan teatro de títeres, narración, danza y músicas históricas, evocando el espíritu de los corrales de comedias del Siglo de Oro, donde palabra, gesto y música convivían como un todo inseparable. A través de metáforas, refranes y enseñanzas, el Quijote vuelve a hablarnos con una voz sorprendentemente actual.

Al tratarse de una obra musical, el título se inspira directamente en la célebre frase que abre la novela: “En un lugar de la Mancha…”. De ahí nace Quixote, en un lugar de la música, un guiño que sitúa la acción en un territorio sonoro.


Las músicas que acompañan la obra trazan un amplio arco temporal que va desde la Edad Media tardía hasta el Barroco temprano, recorriendo la música española de la época de Cervantes. Este abanico sonoro refleja el mundo interior del protagonista: una imaginación anclada en los libros de caballerías medievales —Amadís de Gaula y otros— que convive, no sin conflicto, con el tiempo presente del autor que lo observa y lo escribe.

 

Pasado y presente dialogan constantemente, tanto en la palabra como en la música.

La escenografía está presidida por un gran libro: el Quijote, convertido en retablo de títeres. A su alrededor, viejos libros y muebles de estética gótica componen un espacio cargado de memoria. Estos elementos simbolizan la herencia de Don Quijote: una estirpe venida a menos, la de los hidalgos, aquellos “fillos de algo” que conservan el orgullo del linaje aunque el mundo que los sostuvo esté ya en ruinas.

Las marionetas han sido creadas siguiendo el estilo de los títeres del Siglo de Oro, utilizando técnicas históricamente informadas.

 

Son figuras de madera, policromadas al temple y al óleo, manipuladas mediante varillas. Se ha cuidado especial-mente tanto el vestuario como la paleta cromática, inspirada en los colores y contrastes de la pintura renacentista, buscando coherencia estética y fidelidad histórica.

 


Ese mismo cuidado se extiende al vestuario de los actores y músicos, concebido como una prolongación del universo visual del espectáculo y del tiempo histórico que evoca.

Quixote, en un lugar de la música es, en definitiva, una invitación a volver a leer el Quijote. A detenernos en sus páginas y descubrir, entre humor y melancolía, frases que todavía hoy nos ayudan a afrontar las dificultades, a comprender la amistad, a perseverar en los sueños y a amar mejor a los demás.

 

Emilio Villalba