Una Cantiga de Paz: Cantiga de Santa Maria 344.

Os que a Santa María

saben fazer reverença,

macar se non amen eles,

ela met' i avẽença.

 

Los que a Santa María

saben hacer reverencia,

si enfrentarse ellos no quieren,

ella pone allí avenencia.

 

En el tiempo cuando de moros

fue el reino de Sevilla,

en aquella su iglesia

de Tudía maravilla

aconteció una vez;

y mui gran sabor me llena

de decir cómo fue esto

por que tengáis más creencia.

 

Gran cabalgada de moros

salió para los cristianos

correr y hacerles daño,

e pasó sierras y llanos

y llegaron a Tudía,

todos con sus lanzas en mano,

e al llegar a la iglesia

allí se pararon.

 

Y tan cerca esa noche

unos de otros se albergaron,

que más cerca no podían;

y en la fuente pusieron

sus caballos a beber,

y estos no bramaron

que ni se oyesen ni se viesen

ni tuviesen conocimiento.

 

Así toda aquella gente

fue de suyo albergada

alrededor de la iglesia,

que no sintieron nada

unos de otros por virtud

de la Reina coronada,

a quien todos esa noche

hicieron obediencia.

 

Al otro día de madrugada

todos de allí partieron;

y después que cabalgaron

y sin sospecha se vieron,

mucho se maravillaron;

de ahí treguas se pidieron

por haber de este hecho

tenido conocimiento.

 

Así que la tregua hicieron

y ellos todos se juntaron

y de cómo el hecho

había sido, acordaron

en que había sido milagro;

y partieron conformados,

y se fueron unos a Élvas,

los otros a Olivenza.

 

(Adaptación al castellano de la cantiga 344, escrita en gallego-portugués.)


Este es el milagro que cuenta la Cantiga de Santa María 344. Según el relato, dos pequeños ejércitos (cabalgadas), uno musulmán y otro cristiano, partieron hacia el monasterio de Tudía, conocido actualmente como Tentudia, para librar una batalla. Ambos contingentes llegaron al anochecer a las inmediaciones del templo. Por la noche fueron a dar de beber a sus caballos en una fuente junto al edificio, en distintos momentos. Como los caballos no hicieron ruido, ninguno se percató de la presencia del enemigo. Y así pasaron la noche, sin sospechar que el otro ejército estuviera presente, mientras que ambos velaban sus armas y rezaban a la Virgen durante toda la madrugada.

 

A la mañana siguiente los dos ejércitos pensaron que el enemigo no se había presentado a la batalla y decidieron partir. Sin embargo, al poco caminar se encontraron, y no daban crédito de haber pasado la noche tan cerca sin haberse visto los unos a los otros. Pensaron que era un milagro de la Virgen que no había querido que pelearan delante suya y, entonces, firmaron una tregua.

¿Sobre qué hechos puede basarse esta leyenda de Tentudía?

El hecho de armas se pudo dar en septiembre de 1248, cuando Fernando III, padre de Alfonso X, estaba a punto de conseguir conquistar Sevilla, después de sitiarla y atacarla desde agosto de 1247. La situación era extrema tras un largo año de batallas y cada vez escaseaban más los suministros de alimentos y dineros que necesitaba el contingente castellano para sostener el sitio. Para proteger la ruta norte hacia Sierra Morena, por la cual los sitiadores recibían las provisiones procedentes del reino de León, Fernando III ordena al maestre Pelay Perez Correa partir hacia la frontera con Badajoz e ir limpiando el camino de posibles adversarios musulmanes que atacaban las caravanas con las impedimentas.

 

Las huestes de Pelay Perez Correa se encontraron con muchas dificultades para cumplir el mandato del rey. No es de extrañar que ante una situación complicada, el maestre se encomendara a la Virgen que se encontraba en una antigua ermita en el punto más alto de la serranía, suplicándole ayuda. Puede que ocurriera el 8 de septiembre, fiesta cristiana que celebra la natividad de la Virgen María, llamando a aquel lugar desde entonces Santa María de Tudía, en honor al “día de la Virgen” (Tú día).

 

No existen más datos escritos en la crónicas del siglo XIII, por lo que no sabemos si las dificultades que pasó el maestre Pelay fue en diversos combates por la sierra, o por el contrario, por no poder satisfacer la petición real y no impedir que algunas caravanas con víveres y recursos fueran asaltadas, sin que él pudiera ver dónde, y evitarlo. El lugar geográfico es montañoso y con espesos bosques que dificultan notablemente la visión y los desplazamientos.

La figura de la Virgen María en el Islam

Imagen cortesía de Emilio González Ferrín
Imagen cortesía de Emilio González Ferrín

Un hecho que resulta curioso en esta Cantiga 344 es la protección que la Virgen hace a los soldados moros. En el relato se cuenta que le hicieron reverencias y rezos por la noche. Esto es así porque la Virgen María es respetada y se le tiene cariño en el mundo islámico. De hecho aparece en el Corán, concrétamente en la Azora de las mujeres, número 171, donde se habla de la Virgen María, madre del profeta Jesús.

La leyenda de Tentudia, “Detén tu día”

Cuando se visitan los monasterios de Calera León y de Tentudía, la leyenda que te contarán con entusiasmo versa sobre la batalla que libró el maestre Pelay Perez Correa contra el ejército musulmán en aquella montaña. La jornada llegaba a su fin y el ejército critiano no terminaba de ganar la contienda al enemigo moro, cuando se le aparece la Virgen al maestre, y este le pide que detenga el día, hasta que consiga salir victorioso del combate: “Detén tu día”. Otorgado el milagro, el militar construye allí mismo un monasterio en honor a la Virgen, por haber recibido aquella gracia.

 

Esta leyenda se la pudo haber inventado el propio Pelay Perez, maese de la Orden de Santiago, pues tras el sitio de Sevilla, se autoproclamó vicario de la zona para cobrar los diezmos a la población conquistada. El templo ya existía y lo que se hizo fue ampliarlo y remodelarlo. En esos años se producen multitud de conflictos entre las distintas órdenes militares que habían participado en el sitio de Sevilla y que se habían repartido los territorios en distintas vicarías: Montemolín, Monesterio, Montánchez, Mérida… Extrañamente, la Vicaría de Tudía se autoproclama como la principal de todas, pese a estar aislada. La leyenda venía a reafirmar entre los pobladores de la comarca la importancia de Tudía, frente a las otras vicarías.

Cantiga de Paz

Detalle de la Cantiga 344, en su transcripción por el musicólogo Iginio Anglés.
Detalle de la Cantiga 344, en su transcripción por el musicólogo Iginio Anglés.

Cuando Alfonso X viaja hasta Sevilla, a su paso por Monesterio, en la Ruta de la Plata, pregunta por el humo que sale de un monasterio en la montaña más alta. Le cuentan que se trata de la ermita de Santa María de Tudía, lugar misterioso cargado de viejas leyendas y que, debido a su altitud, el frío hace necesario encender fuegos para calentarse. Allí pasa el rey Sabio muchos momentos, recopilando historias y escribiendo cantigas junto a sus músicos sobre los milagros de Tudía. De las cinco que escribe, una de ellas, la 344 parece recopilar una antiquísima historia contada por un juglar al que habían pagado los antiguos ermitaños del lugar. Por tanto, la historia de la Cantiga 344 podría ser muy anterior a los acontecimientos del sitio de Sevilla.

 

Alfonso se entera también de los conflictos entre los nobles y militares de la zona y decide dar un carácter pacífico a la cantiga: una historia de Paz entre eternos enemigos. Se ve que este toque de atención no fue suficiente para los belicosos vicarios de la zona, pues decide retirar la vicaría de Tudía y se entrega la jurisdicción del templo a Sevilla, poniendo fin a los problemas de recaudaciones y diezmos en esa comarca.

 

El hecho de que en ninguna de las composiciones del rey Sabio (cantigas 325, 326, 329, 344 y 347) aparezca el templo nombrado como Tentudía, sino como Tudía, hace sospechar de la leyenda de Pelay Perez. Por tanto, el lugar se conocía como Santa María de Tudía, que es justo como se nombra en las fuentes medievales. Tendremos que esperar hasta el año 1622 para encontrar en papel impreso la leyenda de Tentudía, incluida en la obra de Lope de Vega “El Sol parado”.

Tentudía: un lugar para visitar

El monasterio de Tentudía se encuentra en la montaña más alta de Sierra morena, a 1104m sobre el nivel del mar. La edificación tiene aspecto de fortaleza militar y se alza imponente en una loma rodeada de un espeso bosque. Aún pueden verse los pozos y abrevaderos medievales en sus alrededores. El lugar es muy grande y es perfectamente posible imaginar un hecho como el acontecido en la cantiga, pues si cada ejército se situó a cada lado del monasterio, efectivamente, en la oscuridad de la noche, no se verían. Mientras grabábamos la cantiga, justo en el lugar donde se narran los hechos, podíamos imaginar a Alfonso y sus músicos, escribiendo esta bonita historia, esta cantiga de Paz.

 

Fuentes consultadas:

Códice de los Músicos (Cantigas de Santa María). Biblioteca Nacional.

Santa María de Tudia en las Cantigas. Revista de estudios extremeños, 2017.

La Vicaría de Santa María de Tudía. Manuel Lopez Fernandez. UNED.

La Sevilla Islámica. Jacinto Bosch. Universidad de Sevilla. 1988.

Imágenes del Corán, cortesía del profesor D. Emilio González Ferrín, Universidad de Sevilla.

 

Nuestra versión de la Cantiga 344, interpretada con guitarra morisca, adufe y sonajas de azófar.